No hay que confundirla con la isla de la Tortuga de Haití, la más nombrada en la literatura de piratería del siglo XVII.[1] La historia de la Tortuga venezolana gira en torno a su gran salina, junto a Punta Salinas, en el sureste de la isla.[2]
La fuente principal
Buena parte de esta página se basa en Islands of Salt (2019), del arqueólogo Konrad A. Antczak, un estudio de acceso abierto sobre los salineros que acampaban en La Tortuga y en Cayo Sal (Los Roques) entre 1624 y 1880[2], y en el artículo de Andrzej Antczak y colaboradores (2015) sobre el enclave neerlandés.[3]
Antes de los europeos
Mucho antes de la conquista, pueblos indígenas de la costa venezolana visitaban la isla para aprovechar la sal, los peces y las tortugas marinas.[1] Las excavaciones en Punta Salinas documentan una presencia indígena precolonial y colonial temprana entre los años 900 y 1638 d. C.[3] El nombre de la isla viene de las tortugas marinas que llegan a desovar en sus playas.[4]
Las salinas neerlandesas (1624-1638)
Desde 1624, los salineros neerlandeses (zoutvaerders) convirtieron las lagunas del este de la isla en salinas solares para abastecer su industria del arenque. Levantaron un fuerte de madera, emplazamientos para cañones portátiles y muelles.[3] Al final de la temporada seca, en abril y mayo, la evaporación dejaba costras de sal sobre las lagunas.[3]
Un marino español náufrago, Seledón de Suasola, contó lo que cargaron siete urcas neerlandesas entre junio y agosto de 1630: unas 28.344 carretillas de sal, alrededor de 1.430 toneladas.[3] En 1632 los españoles encontraron catorce bombas de agua en la isla; se llevaron dos a Cumaná y quemaron el resto.[2]
1633: la salina inundada
En 1633, el ingeniero Juan Bautista Antonelli el Mozo dirigió la inundación de la gran salina neerlandesa, abriendo canales al mar. Según Antczak, el cambio fue permanente: la salina se convirtió en la actual laguna de Los Mogotes.[2] La explotación neerlandesa a gran escala cesó hasta un breve y violento regreso en 1638.[2]
1638: el asalto al fuerte
En mayo de 1638, los españoles supieron que ocho urcas neerlandesas cargaban sal en la isla. El gobernador de Cumaná, Benito Arias Montano, zarpó con 13 piraguas, 150 soldados y 150 arqueros y remeros indígenas, llegó sin ser visto al extremo occidental y, al amanecer, atacó el fuerte de madera junto a la salina.[2] Según el propio Arias Montano, el asalto duró cuatro horas bajo fuego de cañón y mosquete.[2] Una canción neerlandesa publicada en 1661 cuenta que los defensores se rindieron a cambio de sus vidas y que, pese al acuerdo, fueron masacrados; solo unos pocos escaparon.[2] Un plano pintado ese año por Antonelli muestra el fuerte atacado por españoles e indígenas cumanagotos.[3]

Siglo y medio de salineros angloamericanos (1638-1781)
Ese mismo 1638 llegó el primer barco angloamericano conocido: el Desire, de Salem (Massachusetts), del capitán William Peirce, que volvió con sal y, de paso por la isla de Providencia, con africanos esclavizados; es el primer registro de cautivos africanos llevados a Nueva Inglaterra.[2] Desde entonces, barcos de Nueva Inglaterra y Bermudas acudieron a «Salt Tortuga» para abastecer sus pesquerías de bacalao.[2] En 1670, un tribunal de Salem llegó a prohibir el pescado salado con sal de La Tortuga porque dejaba «manchas» por las conchas y la basura que traía.[2]
El bucanero y naturalista William Dampier, que visitó la salina en 1682, la describió como «muy frecuentada» por barcos mercantes que venían a cargar sal.[2] Entre 1686 y 1781, Antczak documenta 15 ataques de corsarios españoles, en su mayoría vascos, contra los salineros.[2] La etapa terminó en 1781, cuando el corsario Vicente Antonio de Icuza expulsó a unos treinta «ingleses» que rastrillaban sal en la isla.[2]
Lo que encontró la arqueología
En Punta Salinas se excavó en 1993, 2009 y 2010[3], y entre 2009 y 2014 se trabajó en los campamentos de los salineros.[2] En los campamentos que estudió aparecieron miles de objetos: pipas de arcilla, poncheras, platos, teteras, botones y huesos.[2] En los campamentos salineros de las islas venezolanas, concluye Antczak, los marinos bebían té en cuencos de porcelana y ponche de ron junto a las salinas.[2] En la época neerlandesa, las comidas en torno al fuerte incluían conejos y cabras de la isla además de provisiones traídas desde los Países Bajos.[2]
¿La Isla del Tesoro?
Se dice a veces, pero no es lo que sostiene el libro. En Seeking Robinson Crusoe (2002), el explorador Tim Severin viaja a «Salt Tortuga», frente a Venezuela, siguiendo el relato del cirujano inglés Henry Pitman, náufrago allí a finales del siglo XVII, y sostiene que las vivencias de Pitman, más que las de Alexander Selkirk, inspiraron gran parte del Robinson Crusoe de Daniel Defoe.[5][6] Severin identificó en la isla los lugares que describe Pitman y señala que, de vuelta en Londres, Pitman vivió con la familia que luego publicó la novela de Defoe.[6] Antczak también presenta a Pitman como prototipo de Crusoe: sobrevivió unos tres meses en La Tortuga en 1687, alimentándose sobre todo de tortugas marinas.[2] No encontramos ninguna fuente que relacione la isla con La isla del tesoro de Stevenson.
La isla moderna
- 1871: pasa a formar parte del llamado archipiélago Colón.[1]
- 1938: se integra a las Dependencias Federales.[1]
- 1974: se la declara zona de interés turístico (decreto 1625).[1]
- 2005: el Decreto n.º 3448 dicta el Plan de Ordenamiento y Reglamento de Uso de las zonas de interés turístico de la isla, Las Tortuguillas, Cayo Herradura y Los Palanquines.[1]
- 2007: se plantean obras turísticas; la Asamblea Nacional ordena paralizarlas por el riesgo para el frágil ecosistema.[1]
- 2014-2015: el Ministerio de Turismo anuncia obras con enfoque ecológico; la isla se cierra durante una temporada para limpiar y retirar estructuras improvisadas.[1]
- Desde 2018: se reciben las primeras visitas al complejo turístico de Playa Caldera, en Punta Delgada, con un muelle nuevo.[1]
Para leer más
- Konrad A. Antczak, Islands of Salt (Sidestone Press, 2019), acceso abierto, en inglés.
- Andrzej Antczak et al., «Risky business», Post-Medieval Archaeology (2015), en inglés.
- Tim Severin, Seeking Robinson Crusoe (Macmillan, 2002), en inglés.
